En un momento marcado por la aparición del Covid-19 se manifiesta una realidad humana nuestra. Nos despiertan cada día sabiendo el número exacto de muertos del día anterior que nos recuerda que quien hoy está vivo mañana puede estar muerto y al mismo tiempo somos humildemente conscientes del impacto emocional que tiene esta verdad en nosotr@s: Nunca habíamos tenido en cuenta esta verdad en nuestra agenda diaria, ahora sentimos más claramente la necesidad de “estar estar” un ratito con ese ser querido, notamos en nosotr@s la ausencia de un auténtico abrazo,…… Y aun habiendo ampliado esa señal de wifi que nos permite escuchar dentro de nosotr@s, seguimos atendiendo la lista de “deberías de hacer de moda”.

Cambió nuestro escenario de vida, pero aún no nosotr@s. Antes hubiera dicho que “tengo que ir a hacer unas gestiones” y ahora sería “tengo que hacer una clase de manualidades con productos alimentarios”. ¡Seguro que es muy interesante! Pero en el fondo de ti, no te da especialmente placer. Sencillamente es un conocimiento más en tu bolsa del saber y una experiencia más que poder fotografiar para subir al instagram. Pero te acuestas viendo la lista de cosas hechas y sintiendo que tu miedo que no es grande pero sí está en un lugar profundo, es en realidad es:  perder esta vida de la que te quejas como si fuera la causa de tus males, o que tus hij@s no sepan cuanto los quieres, o no haber dicho lo que sientes a alguien importante, o no poder recordar tu último día vivido con gusto, …

Y la realidad es que el 99% de la población de nuestro país sigue despertándose estando vivo y que la mayoría siguen acostándose como “un día más sin sentido para él@ mism@”. De esto último no sé el porcentaje aunque en la afirmación “la depresión es la enfermedad del siglo XXI” podemos tener la hipótesis légitima que el número es también muy elevado.

Parece que estemos de alguna manera como haciendo una competición con no sé quién, para morir con diploma. Me imagino la escena de un@ después de muerto llegando a la puerta de Dios (o como cada un@ l@ llame) diciendo “Mire señor Dios, yo aproveché el 75% de mi vida para hacer infinitas cosas y aprendí infinitos conocimientos más”. Y en mi imaginación, como Dios es un gran sabio amable y compasivo le diría con una voz profunda y tranquila: “Pero hij@ mio, ¿Te dio tiempo para vivir entre tanta cosa? ¿Te dio tiempo para descubrir todos los regalos que te dejé con la vida?  La puesta de sol, el amor, respirar en paz, sentir a la naturaleza y que tú formas parte de ella,…” Y yo me imagino a ese representante de nuestra especie mirando a Dios, porque lo miraría de igual a igual porque estamos arriba de la pirámide evolutiva, respondiendo: “¿Pero tú sabes que con el Covid19 los niños se quedaron en casa y teníamos que hacer aula virtual pero que nos pilló en el momento que ni el organismo oficial de educación, ni el profesorado, ni el alumnado, ni las familias teníamos nada de experiencia?”

Amor, sé humilde. Esa humildad que en realidad te hace grande. Y acepta que por mucho o poco que te parezca que dura una vida, cuando llegue el momento de morir no habrás podido ni leer todos los libros que quisiste, ni hablar todo el tiempo que deseabas con tus seres queridos, ni viajar a todos los lugares maravillosos que hay en este planeta. Para conseguir eso, necesitamos muchas más vidas que una. La grandeza de la vida es estar vivo con todos los regalos que esto implica y que no se pueden controlar, porque la vida está viva. Y para eso no sirve el verbo “hacer” sino el verbo “vivir”. Y aunque a veces te confundas, como es natural en un humano, toma consciencia que son dos verbos que te colocan en dos puntos de partida muy diferentes. Y por lo tanto, te lleva a destinos también  muy diferentes y con diferentes gustos.

Para aprovechar tu vida de ahora solo hay una manera, prioriza. Priorízate. Y para asegurarte que estás priorizando “bien” ten en cuenta lo que tú necesitas, lo que a ti te importa, lo que te da placer y los que te importan. Priorízate a ti. Y entre todas estas cosas ,que ya son muchas, prioriza la vida viva que hay en ti y que hay en l@s otr@s. Porque la realidad es que para aprender a vivir se ha de vivir, y en esto todos somos iguales. Para aprender a vivir esta vida viva en sí misma se ha de incluir dos palabras muy sencillitas en tu vocabulario del día a día: SI y NO. Y no decirlas de cualquier manera sino decirlas con tu corazón, para que te de la paz de quién sabe para qué las dice. Y que no se habla por hablar.

No nos estamos perdiendo, nos estamos reencontrando. Los humanos como especie  hemos aprendido constantemente de nosotr@s y ahora es una oportunidad más para seguir descubriéndonos. No estamos en casa encerrados, estamos cada un@ en su incubadora dándonos el “calorcito” que ahora necesitamos y que descubrimos que nos sienta bien. Y saldremos de esa incubadora y cada un@ de nosotr@s será diferente al que éramos antes. Porque tenemos una nueva oportunidad de salir sabiendo que la vida está llena de regalos que no tienen precio y que la mayoría de las veces no se pueden fotografiar. Porque la magia no sale en las fotos.

Mi deseo para ti es que cuando llegue ese momento en el que te encuentres ante la puerta de Dios donde no se pueden llevar las fotos digitales ni la agenda del día, cuando te pregunte “¿Tú te enteraste de los regalos que te dí con la vida?” Le puedas contestar con mirada picarona y una sonrisa en tu rostro, y que se escuche tu verdad silenciosa de “siiiiií, me entereeeé”

Te comparto esta canción sencillamente para que la escuches sintiéndola. Deseo que te de gusto, y te la comparto como un regalo de hoy para ti, para que celebres que más allá de las circunstancias del momento, nos estamos despertando cada un@, pero junt@s. Y eso tiene mucha fuerza vital. A partir de ahora, 1+1=3.

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