Los retos colectivos nos piden reforzar un modelo de educación humanista. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en 2010 ya manifestó la importancia del humanismo en el siglo XXI como un eje para el entendimiento humano en un contexto de mundialización. La educación humanista ha dejado de ser un modelo que parece como un bello accesorio que habla de cosas bonitas (dar gran relevancia al area afectiva, la importancia de la calidez en las relaciones humanas,…) para ser una herramienta útil para que aflore el potencial único de la persona.

En la actualidad el modelo de educación humanista se presenta como un elemento clave que enriquece la consciencia humana y nuestra capacidad como tal para gestionar y dar respuesta a escenarios donde intervienen factores que no son medibles.

En este tipo de enfoque el profesional interviene en el proceso educativo como persona y como modelo, donde las vivencias que se comparten con el educando se gestionan como oportunidades educativas. Es un proceso de crecimiento compartido donde los matices hacen momentos mágicos y inexplicables que nos despiertan y nos hace grandes como seres humanos para construirnos en la dirección en que deseamos y no por los miedos que tenemos.

La educación es como el arte: Según cómo se siente, se hace.

Publicado en “El Cargol” (26 nov 2011)

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